Memoria Descriptiva del Proyecto
En el antiguo barrio de Jalatlaco, donde el cuero y el oficio daban vida a Oaxaca, nace 7 Casa Laurel, un refugio que no solo se habita, sino que se siente. El alma del proyecto es un árbol magnífico; un laurel que, desde el patio, extiende sus brazos para cobijar la arquitectura, regalándonos un microclima de frescura y un silencio que invita a la reflexión profunda. Aquí, el tiempo se detiene bajo la sombra de sus hojas, convirtiendo la estancia en un acto de introspección. El diseño rinde culto a la quietud de las abadías. Cada pasillo es un tránsito hacia la calma, donde las puertas se esconden para proteger la intimidad del viajero. Los materiales cuentan historias de la tierra: muros con texturas que evocan el adobe y que parecen haber envejecido con el sol de los siglos, canteras que sostienen el peso del cielo y pisos de arcilla que, como tapetes tejidos a mano, acarician el andar. Esta rusticidad dialoga con la fuerza del acero, creando un equilibrio perfecto entre la herencia artesanal de Oaxaca y la visión contemporánea de un espacio «limpio» y abierto. La experiencia culmina en las alturas. En la azotea, el agua del carril de nado se funde con el horizonte, ofreciendo un diálogo silencioso con las ruinas de Monte Albán bajo la luz del atardecer. Cada rincón está bañado por una iluminación sutil, donde grecas metálicas —ecos de la grandeza de Mitla— emergen como joyas entre las sombras. Rodeado de magueyes y órganos que celebran la tierra del mezcal, 7 Casa Laurel es más que un hotel; es una invitación a reencontrarse con lo esencial, un espacio donde la piedra, la madera y la luz se unen para honrar la vida y la memoria oaxaqueña.
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