Memoria Descriptiva del Proyecto
Casa Izar se concibe como una casa para vivirse desde el paisaje y, especialmente, desde el área social. Ubicada sobre una ladera en Valle de Bravo con vista al lago de Avándaro, el proyecto se inserta entre encinos y pinos existentes, respondiendo a la topografía, la luz, el viento y el bosque que la rodea. Más que una casa con vistas, se plantea como un espacio donde la experiencia interior cambia según lo que sucede afuera. El proyecto se compone de cinco cajas que se rotan y desplazan en abanico para garantizar visuales abiertas hacia el lago y relación con el bosque posterior. Esta operación organiza el programa y genera, en el centro, el gran espacio social de la casa: un pabellón continuo donde estancia, comedor y cocina comparten luz, aire y convivencia. Una armadura estructural resuelve un claro libre de 27 metros sin apoyos intermedios, sosteniendo una gran cubierta inclinada de madera abierta al norte para recibir iluminación natural sin asoleamiento directo. Un clerestorio horizontal introduce luz alta y favorece la ventilación cruzada, mientras que las carpinterías corredizas permiten transformar el pabellón de un espacio interior contenido a una terraza completamente abierta hacia el paisaje. El acceso ocurre desde la cota alta, atravesando un vestíbulo contenido por celosías de madera, piedra volcánica y patios vegetales que preparan la apertura hacia el lago. Las circulaciones mantienen siempre contacto con la naturaleza mediante galerías acristaladas y remates visuales enmarcados por vegetación. Las recámaras se alojan en un nivel inferior empotrado en la ladera, buscando una atmósfera más íntima y silenciosa. Los materiales —madera natural, acero patinado, estuco y vegetación nativa— fueron elegidos para transformarse con el tiempo y permitir que la casa envejezca junto al bosque que la rodea.
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