Memoria Descriptiva del Proyecto
La casa surge desde el territorio, donde los muros de tierra compactada emergen como una extensión natural del suelo, anclando la arquitectura al sitio y estableciendo una relación directa con el paisaje. La materialidad —madera, piedra, concreto y tierra— se expresa de forma honesta, reforzando una arquitectura que pertenece al lugar. El proyecto se organiza a partir de dos ejes: uno principal que alberga las áreas públicas y otro secundario destinado a los espacios privados. Ambos se articulan mediante un pasillo enmarcado por cartelas de concreto pigmentado que filtran la luz y proyectan sombras cambiantes sobre un piso de piedra laja en despiece irregular. A lo largo del recorrido, la casa construye una secuencia de experiencias donde el espacio se contrae y se expande, permitiendo que las vistas se cierren y se abran de manera controlada hacia el entorno. Estos encuadres dirigen la mirada hacia espejos de agua y jardines, generando pausas contemplativas que intensifican la relación con el exterior. La disposición de los muros, orientados estratégicamente, responde a criterios bioclimáticos: su masa térmica regula la temperatura interior, manteniendo frescura durante el día y liberando calor por la noche. La repetición estructural de vigas y columnas acentúa el ritmo espacial y el paso del tiempo a través de la luz. En conjunto, la casa propone una experiencia sensorial donde materia, luz y paisaje se integran para crear un habitar introspectivo, profundamente arraigado al sitio.
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