Memoria Descriptiva del Proyecto
Casa Terral reinterpreta la relación entre arquitectura y naturaleza desde una mirada profundamente sensible: la del hogar como un cuerpo poroso, capaz de dejar pasar el viento y abrazar en su interior la vida cotidiana. Desde el acceso, la vivienda se retira hacia el interior del terreno para dar lugar a un jardín abundante, gesto que no es únicamente estético, sino ético: una bienvenida vegetal que reafirma el compromiso con la conservación del entorno natural yucateco. La fachada, compuesta por cuatro volúmenes de distintas cualidades, se convierte en un relato arquitectónico. Una base de listones de aluminio marca el acceso y sostiene un volumen de piedra extraída del mismo terreno, memoria literal del lugar. Sobre él, un cuerpo sólido revestido en chukum y kankab (tierra roja de la península), impregna de calidez y textura cada espacio, extendiendo su identidad material a todo el conjunto. Un signo distintivo es su celosía escultórica, elaborada artesanalmente en concreto con vidrio reciclado, pieza que trasciende de lo funcional para convertirse en símbolo: un lenguaje donde tradición y modernidad, materia y luz, conviven. Las escaleras interiores, recubiertas con el mismo acabado, refuerzan esta continuidad visual evocando la piedra erosionada por el tiempo. La organización espacial se despliega en bloques lineales enlazados por un patio central, cuyo corazón es un majestuoso álamo. Las habitaciones se abren mediante grandes ventanales que disuelven los límites entre interior y exterior, potenciando la convivencia con la naturaleza. El proyecto reubica árboles existentes y planta 17 ejemplares endémicos, en un claro gesto de reverdecimiento. Con juegos de altura, circulaciones fluidas y espacios intermedios que promueven interacción familiar, Casa Terral es más que una residencia: es un manifiesto construido que mira al presente con raíces firmes, celebrando los vínculos entre personas, tradición y paisaje.
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