Memoria Descriptiva del Proyecto
Era un rincón, un espacio residual con piso de lodo debido a que la sombra de los grandes árboles impedía que creciera vegetación. Ahí se decidió ubicar el oratorio a San Marcelino Champagnat, eligiendo el sitio por el tráfico de universitarios generado por una pequeña cafetería colindante. Qué mejor escenario para la oración que un lugar techado por las copas de los árboles; de esta manera, lo que era un espacio de mala imagen y limpieza problemática se convirtió en un punto de reunión que invita a la devoción hacia el santo de la Virgen María. La arquitectura del lugar es una simbiosis entre exterior e interior. Uno no percibe con claridad la entrada, sino que la descubre y, al dar una vuelta, se encuentra con un espacio aislado del entorno inmediato, pero que mantiene una estrecha relación con el entorno superior: el cielo y las copas de los árboles. El espacio lo conforman tres bancas que miran hacia un muro con una inscripción de la Virgen María: «No temas… ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?». Para incrementar la experiencia que evoque a la oración, se añadió una caída de agua cuyo sonido busca generar mayor aislamiento y una atmósfera propicia para el recogimiento. Se utilizó un solo material, el concreto. Dentro de las intenciones de diseño, fue vital cuidar la escala humana y la escala de la intimidad para acercar al personaje al que se le reza, en lugar de encumbrarlo en un nicho inalcanzable. El objetivo era acercar a los universitarios al santo patrono de la universidad, haciéndolo más accesible y amigo.
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