Memoria Descriptiva del Proyecto
En un bosque de Dzidzilché, con la intención de alterar lo menos posible el paisaje existente, se trazó una retícula hexagonal que protege la huella vegetal de manera rigurosa y define el emplazamiento de la vivienda. Esta geometría, además de simbolizar una de la forma más eficientes de construcción en la naturaleza, hace referencia directa a las abejas, principales polinizadoras de la flor del Dzidzilché, estableciendo un vínculo simbólico y estructural con el entorno. Debido a la espesa vegetación, la casa se dispersa, buscando los claros de luz; así, los recorridos corpóreos se entrelazan con el bosque, y las visuales atraviesan el espacio. Se logra entonces un jardín que contiene una casa, y no una casa que contiene un jardín. La volumetría, conformada por elementos geométricos monolíticos, parece emerger del suelo, con una materialidad monocromática que evoca el color de la tierra roja de la región (K’ankab). Los vanos se disponen encuadrando el paisaje, perdiendo el umbral entre interior y exterior, y acentuando una relación intrínseca entre la naturaleza y el habitar. La escala interior de los volúmenes permite un microclima en confort térmico y al mismo tiempo genera un espacio en silencio, buscando esta conexión con la naturaleza. La escala interior de los volúmenes genera un microclima térmico confortable y un espacio de silencio, potenciando así la experiencia de comunión con el entorno natural. Se promovió la reforestación de las escasas áreas áridas mediante la incorporación de especies endémicas y cuerpos de agua, favoreciendo así la biodiversidad local. Para cuidar la imagen urbana, se diseñó un muro bajo que divide visualmente, pero permite la percepción del bosque interior. Además, se dejó un vacío en la esquina que genera conexión entre las vías y realza los volúmenes como una escultura en el paisaje.
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